Imagina que llevas semanas trabajando en una frutería, en la construcción o cuidando de una persona mayor. Entras temprano, sales tarde, cobras menos de lo acordado y, para colmo, el jefe te dice que si te quejas “te vas a la calle”. Esta situación es más común de lo que parece, especialmente cuando la persona que trabaja es migrante, no tiene papeles o desconoce cuáles son sus derechos. Pero hay algo que debes tener claro desde el inicio: la explotación laboral no es normal, no es inevitable y no tienes que aguantarla en silencio.
En Navarra, como en toda España, la ley protege a las trabajadoras y trabajadores, tengan o no tengan contrato. Sí, aunque no estés dado de alta en la Seguridad Social, tienes derechos básicos que nadie puede pisotear.
1. ¿Cómo reconocer la explotación laboral?
La explotación no siempre se presenta con gritos o amenazas. Muchas veces se esconde en la rutina del día a día: jornadas interminables sin descanso ni pago de horas extra, salarios por debajo del mínimo legal (en 2025, 1.134 € al mes por jornada completa), contratos verbales o inexistentes, trabajo sin alta en la Seguridad Social, amenazas con “llamar a Extranjería” si reclamas, malos tratos, humillaciones o control excesivo. Si alguna de estas situaciones te resulta familiar, no lo normalices: se trata de explotación.
2. Primeros pasos: no te quedes sola
Cuando sentimos miedo o incertidumbre, lo primero es pensar que “no vale la pena” enfrentarse al jefe. Pero el aislamiento juega a favor de quien explota. La clave es buscar apoyo: hablar con personas de confianza, familiares, amistades, compañeras de trabajo; contactar con asociaciones de apoyo a personas migrantes como MIGENE u otras en tu barrio; o acudir a un sindicato. La afiliación sindical es un derecho que no depende de tu situación administrativa.
3. Documenta lo que pasa
En un conflicto laboral, la prueba es importante. Incluso si no tienes contrato escrito, puedes recopilar conversaciones por WhatsApp o mensajes donde se hable de horarios o pagos, testimonios de compañeras que trabajen contigo, fotos de fichajes, recibos de pago en efectivo o anotaciones de horas trabajadas. No se trata de espiar ni de ponerte en riesgo, sino de guardar evidencias que puedan servir si decides reclamar.
4. ¿Dónde y cómo reclamar?
En Navarra, antes de ir al Juzgado de lo Social es obligatorio pasar por un proceso de conciliación laboral. Es un intento de acuerdo entre trabajador y empleador que se gestiona en el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (SMAC). Pero antes de llegar a ese paso, lo más recomendable es solicitar asesoramiento en MIGENE u otra asociación de confianza. Allí pueden orientarte, ayudarte a preparar tu caso, acompañarte en el SMAC e incluso ponerte en contacto con abogados laboralistas. También puedes valorar si presentar denuncia en Inspección de Trabajo, aunque la experiencia demuestra que pocas veces se resuelve a favor del trabajador sin acompañamiento y presión colectiva. Por eso no conviene hacerlo en solitario.
5. ¿Y si no tengo papeles?
Este es el miedo más grande: “si denuncio, me deportan”. La realidad es que la Inspección de Trabajo no tiene obligación de comunicar tu situación administrativa a Extranjería. Además, denunciar una explotación puede incluso ayudarte en procesos de arraigo laboral, ya que demuestra tu permanencia y tu actividad en España. Nadie puede quitarte el derecho a cobrar lo que ya has trabajado. La ley está de tu lado, aunque no tengas papeles.
6. Redes de apoyo
Nadie debería enfrentarse a una situación de explotación sola. En Navarra existen colectivos que pueden acompañarte, ayudarte a redactar denuncias, traducir documentos o incluso mediar con el empleador. MIGENE, Cáritas, sindicatos como ELA, LAB, UGT o CCOO, y muchas asociaciones vecinales están dispuestas a apoyarte. Acércate, pregunta, participa. Tu dignidad es un asunto colectivo, no individual.
7. Llamado a la acción
Si hoy estás trabajando sin descanso, con miedo a hablar o recibiendo menos de lo que te corresponde, da un primer paso: acude a MIGENE o a una asociación de confianza. El silencio solo beneficia a quien se aprovecha. No trabajas “de favor”, trabajas con derechos. No estás solo ni sola, hay redes de apoyo. La explotación no es tu culpa.
8. Para las generaciones que vienen
Luchar por tu derecho al trabajo digno no es solo por ti: es por tus hijas e hijos, por la comunidad migrante que llega y por quienes aún están pensando en salir de su país. Si hoy te animas a reclamar y a visibilizar lo que te pasa, mañana otra persona no tendrá que pasar por lo mismo. Porque trabajar con dignidad es sembrar un futuro en el que nuestros barrios crezcan con justicia y respeto.
En el próximo artículo de este bloque hablaremos de “Trabajar sin contrato: riesgos, derechos y denuncias”, para que tengas claro qué hacer en esa situación.

