Escapan de la violencia, pero no del silencio: muchas mujeres refugiadas siguen siendo invisibles para los sistemas que prometen protegerlas
Aunque cada año miles de mujeres cruzan fronteras huyendo de la violencia, la trata o la persecución por motivos de género, sus historias rara vez encajan en los marcos jurídicos diseñados para otorgar protección. Las políticas de asilo, aparentemente neutras, arrastran una lógica que prioriza el relato masculino de la persecución política, mientras silencian las formas más comunes de violencia que sufren millones de mujeres en todo el mundo.
Las políticas que no ven
Según datos del Informe CEAR 2025, del total de personas solicitantes de asilo en España en 2024, el 39,6% fueron mujeres. En países como Colombia o Venezuela, principales lugares de origen, las mujeres representan más del 50% de las personas desplazadas forzosamente, muchas de ellas huyendo de violencia basada en género o amenazas en contextos de conflicto armado.
El sistema de asilo en España —como en gran parte del mundo— no contempla adecuadamente las violencias estructurales y específicas que obligan a las mujeres a abandonar sus países. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) advierte en su Informe 2024, publicado en junio 2025, que “el enfoque de neutralidad del sistema de asilo no responde a la realidad de mujeres que han huido de persecución por violencia de género, mutilación genital femenina o trata”. Estas formas de violencia, aunque reconocidas por el derecho internacional, son frecuentemente ignoradas o minimizadas durante las entrevistas y los procesos de evaluación.
Además, muchas mujeres no pueden contar su historia. La falta de intérpretes con formación en violencia de género, el temor a la revictimización, y la presión para demostrar hechos íntimos e inmateriales ante funcionarios ajenos a su realidad, construyen una barrera casi infranqueable. Como señala el Informe CEAR 2023, en muchos casos “la ausencia de garantías y apoyos adecuados impide a las mujeres relatar lo vivido”.
Violencias que no caben en el relato oficial
De acuerdo con Amnistía Internacional (2023), 8 de cada 10 mujeres entrevistadas en contextos de desplazamiento en América Latina reportaron haber sufrido algún tipo de violencia sexual o de género en su país de origen o durante el trayecto migratorio. Sin embargo, estas experiencias no son tenidas en cuenta como motivos suficientes para obtener protección internacional.
Las violencias que atraviesan a las mujeres migrantes y refugiadas no empiezan ni terminan en las fronteras. En muchos casos, su desplazamiento comienza dentro de su propio hogar o comunidad. La violencia sexual, los matrimonios forzados, la trata con fines de explotación y la violencia doméstica no se reconocen como “persecución política” bajo la mirada tradicional.
El informe regional de Amnistía Internacional (2023) sobre mujeres desplazadas en América Latina señala: “Los Estados siguen tratando las migraciones como fenómenos neutros, ignorando cómo el género, la etnicidad y la clase agravan la vulnerabilidad” (p. 10). Esta invisibilidad no es un descuido: es parte de una estructura institucional que sigue sin mirar los cuerpos y experiencias que desbordan el modelo clásico del refugiado político.
Diana Britto lo resume magistralmente: “El rostro del desplazamiento forzado no es neutro. Tiene cuerpo de mujer, historia de exclusión y resistencia” (Brito, 2010).
Resistir cuidando
Según el informe de Montalvo (2025), más del 60% de las mujeres desplazadas entrevistadas reconocieron haber creado o participado en redes de apoyo informales durante su tránsito migratorio, como forma de resistir la desprotección institucional. Estas redes incluyen cuidado mutuo, organización logística, contención emocional y protección ante agresiones.
Frente a la ausencia institucional, las mujeres refugiadas han desarrollado prácticas colectivas de protección y cuidado que garantizan su propia supervivencia. El artículo de Montalvo (2025) recoge estos gestos como expresiones de agencia política: “El cuidado no es un acto secundario. Es una práctica política que permite a las mujeres desplazadas sostener la vida en medio del desarraigo”.
Uno de los ejemplos más potentes es el fanzine de cuidados en movimiento, una revista elaborada por mujeres en situación de desplazamiento forzado. En sus páginas recogen estrategias para protegerse durante el trayecto migratorio, mantener la salud mental, criar en contextos hostiles o resistir al control institucional. Lejos de la imagen de víctima pasiva, estas mujeres se cuidan entre ellas, se narran y se reconstruyen.
La urgencia de otra mirada
Las organizaciones defensoras de derechos humanos coinciden en la necesidad de reformar los sistemas de protección desde una lógica feminista e interseccional. No se trata solo de incluir a las mujeres en las estadísticas, sino de transformar las reglas del juego.
CEAR reclama que “las violencias machistas sean tratadas como causas legítimas de protección internacional” (Informe 2025).
Escuchar es proteger
Escuchar a las mujeres refugiadas no es un gesto compasivo: es una obligación ética. Mientras sus relatos sigan siendo descartados por “no encajar” en los moldes tradicionales del asilo, el sistema seguirá perpetuando su exclusión.
Como escribió una activista desplazada en las páginas del fanzine de cuidados:
“No basta con abrir las fronteras. Hay que abrir los ojos.”
Conclusión
Las mujeres refugiadas no solo enfrentan el abandono de sus países de origen, sino también la incomprensión de los sistemas de asilo que deberían protegerlas. Sus voces no encajan en las categorías tradicionales del derecho, pero sí hablan de experiencias de violencia que exigen una respuesta urgente y transformadora. Incorporar una perspectiva de género y justicia social no es una opción: es una deuda histórica. Nombrarlas, escucharlas y garantizar su derecho a vivir libres de violencia debe estar en el centro de cualquier política migratoria que se llame humana.
Referencias bibliográficas
Amnistía Internacional. (2023). Nuestro derecho a la seguridad: estudio regional sobre mujeres refugiadas, desplazadas y migrantes en América Latina y el Caribe. Amnistía Internacional. https://www.amnesty.org/es/documents/amr01/7256/2023/es/
Britto Ruiz, D. (2010). El desplazamiento forzado tiene rostro de mujer. Estudios Políticos, (37), 127–143. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8892991
CEAR. (2024). Informe anual 2023: La situación de las personas refugiadas en España. Comisión Española de Ayuda al Refugiado. https://www.cear.es/informe-anual-2023
CEAR. (2025). XXIII Informe Anual: La situación de las personas refugiadas en España (2024). Comisión Española de Ayuda al Refugiado. https://www.cear.es/informe-anual-2025
Montalvo, A. (2025). Prácticas de cuidado entre mujeres en contextos de desplazamiento forzado interno. Estudios Sociológicos, 43(129), 215–241. https://estudiossociologicos.colmex.mx/index.php/es/article/view/2768

La autora:
Adhely Bellido Castro
Abogada en ejercicio en Perú, licenciada en Derecho por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Cuenta con un máster en Derechos Humanos por la Universidad de Navarra. Su trayectoria profesional se centra en la defensa de los derechos fundamentales, con especial atención a las migraciones y la justicia social.

